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lunes, 4 de junio de 2012

Canteros de Peñasca Grosera

Mirador donde se ha colocado
el Monolito a Juan Gutiérrez Padial
Ayer por la tarde tuvo lugar en el Mirador de “El Visillo” la inauguración, largamente esperada por la Asociación Cultural Juan Gutiérrez Padial, del monolito en memoria de nuestro gran escritor local.

En estos actos, como marca el protocolo y debe de ser, intervino nuestro Alcalde. Su intervención constó de tres partes bien diferenciadas. Una primera en la que dió los oportunos y merecidos agradecimientos a todas aquellas personas que desde la Asociación están haciendo tanto por la obra literaria de Juan Gutierrez Padial. Una segunda, en la que puso mucho empeño en demostrar lo acertado de haber hecho el monolito en este mirador y no en el que había escogido la Asociación para ello y, una tercera parte, en la que habló, como no podía ser de otra manera, de Juan Gutiérrez Padial.

Esta tercera parte fue, indiscutiblemente….mejor no la califico. Nos dijo el Alcalde que Juan Gutierrez Padial había dejado una gran huella en él “porque en la escuela los maestros le habían obligado a aprenderse sus poemas, algunos de memoria incluso, y de otros, tuvo que hacer hasta dibujos” Ni una palabra más, ni sobre la obra, ni sobre la figura, ni la biografía del autor cañonero.

Tenemos un escritor en Lanjarón que, con enorme sensibilidad, nos ha retratado los colores de nuestro paisaje, que, con gran lucidez, ha explorado las raíces de nuestro pueblo, que ha puesto, en múltiples rincones de su obra, profundas reflexiones sobre nuestro carácter e historia; y la única marca que ha dejado en nuestro Alcalde ha sido que en el colegio lo obligaban a aprenderse algunas poesías. No le ha provocado la lectura de Juan Gutierrez Padial una sola mirada distinta a nuestras calles, ni una sola perspectiva nueva de nuestro ser, nada, absolutamente nada.

No pude evitar pensar que D. Juan, si, por un casual, lo escuchara, nos diría aquellas palabras que nos dejó escritas en el prólogo de su libro “Lanjarón historia y tradición”, decían así: "Lanjarón padeció, de siempre, mengua de cantores y plaga de canteros de peñasca grosera. Pregoneros estos del lugar común, de lo archimosteado. Indigentes de óptica y paladar para el alumbramiento y saboreo de la belleza, quedaron constreñidos en el círculo de la plebeyez interesada."  Porque solo alguien con poca sensibilidad hacia la cultura puede hablar así de la obra de este autor y solo alguien, indigente de óptica y paladar, puede obligar a convivir en un mismo edificio un Museo y un tanatorio.

Estaría bien que sus maestros, en el colegio, le hubieran enseñado también, aunque hubiera sido de memoria, este otro párrafo de nuestro escritor: "Porque Lanjarón no es solo Capuchina manantial y cotillón nocturno. ¿Y los que se consumen en la boquilla del horno panadero? ¿Y aquellos otros que, en la noche, se pierden entre la breña, al filo del abismo, orillando el chorro al alcorque del castaño? ¿Y la muchedumbre jadeante, calcinada en la era, entre bocados de tamo y sorbos de sudor, hasta sacar relumbres al montón cereal? Lanjarón es vida. Y esta - lo ha dicho un gran pensador- agregación y suma, y acumulación y carga y aposentamiento. Si no se acaba, la vida va acumulando, también, capas de memoria, estratos corporales, sustancias, imaginaciones, residuos, testimonios."

Hoy el testimonio que dan los medios de comunicación de la labor de nuestro Alcalde es que un Museo premiado en múltiples concursos de arquitectura va a compartir edificio con un tanatorio. He ahí la agregación y el estrato, la capa de memoria para la historia de este pueblo de un Alcalde que lo mas que puede decir de un escritor es que de pequeño se aprendió unas poesías suyas en el colegio.


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