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miércoles, 16 de noviembre de 2011

Artículo sobre Juan Domingo Santos de Manuel Mateo Pérez en el diario El Mundo


A continuación os reproduzco un magnífico artículo de Manuel Mateo en el que retrata magníficamente a Juan Domingo Santos.
           
La mirada desatada 

Escala y desatino

Manuel Mateo Pérez | Málaga

Actualizado jueves 10/11/2011 17:50 horas

Oigo decir al arquitecto Juan Domingo Santos que su obra, todo cuanto ha hecho hasta ahora, ha nacido de la experiencia, la mirada y la emoción. Se lo oigo decir en La Pedrera, en Barcelona, la escultura habitable que en el paseo de Gràcia construyó Gaudí entre 1906 y 1912, a donde ha venido a explicar el proyecto de la Puerta Nueva de la Alhambra que ha ganado con el portugués Álvaro Siza.

Juan Domingo Santos habla con gestos y mueve incesantemente las manos para que el resto comprendamos los volúmenes y las escalas de los edificios que proyecta. Participa en unas jornadas de patrimonio cultural que los catalanes han organizado para presumir de su elevada conciencia con respecto a los monumentos que la historia les ha legado. Y me emociona escuchar al arquitecto granadino asegurar que en Andalucía aún quedan algunos hombres y mujeres capaces de plantar cara a tanto despropósito, a tanto desatino, a tanta especulación, a tanto atropello, a tanto mal gusto.

Él es uno de ellos. Todo hombre guarda dentro de sí una obra de arte. Juan Domingo Santos lo comprendió de manos de Joseph Beuys, y una mañana de hace más de veinticinco años se adentró en un lugar que había formado parte de sus sueños de estudiante, orillado a un lado de un tendido ferroviario, allí donde Granada se extiende plana y horizontal.

Ocupó una torre alcoholera abandonada en la Vega y la convirtió en su estudio. Aquel gesto es hoy la crónica heroica de una resistencia, porque si la torre se mantiene en pie, si aquel viejo ingenio de escala humana no ha perdido sus muros, sus techos, sus cimientos, es gracias a que hubo alguien que un día decidió entrar aquí para proteger un lugar en el que desde entonces avenan algunas de las mejores ideas de la arquitectura moderna española. No todo estará perdido, en fin, mientras existan personas que proyecten, que ideen, que creen con el mismo mimo con el que la naturaleza hace germinar la flor del tabaco
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