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lunes, 21 de noviembre de 2011

Visto desde aquí. Un pequeño lugar en el mundo.

Ya han pasado las elecciones generales, y esta vez, a diferencia de otras, las encuestas no se han equivocado. El Partido Popular ha obtenido una mayoría absoluta merito de una crisis económica que provoca que en todos los países europeos que celebran elecciones el resultado sea cambio de gobierno. Cayó el Partido Laborista en Gran Bretaña, cayó el gobierno conservador de Grecia, el socialista en Portugal, el conservador de Irlanda, y han caído, sin necesidad siquiera de celebrar elecciones, el gobierno socialista griego y el incalificable Berlusconi en Italia. Tampoco hay que olvidar el triunfo histórico en el senado francés de los socialistas del país vecino.

Creo que esto es lo primero a tener en cuenta a la hora de analizar los resultados electorales. En una parte fundamental, son resultado del contexto internacional y económico. Evidentemente no es esa la única causa, pero es verdad que el peso más importante de lo que ha pasado se encuentra en el contexto. Una obviedad.

También es cierto, que el desarrollo de la crisis ha obligado al Partido Socialista a tomar medidas que lo han separado de su electorado tradicional, fundamentalmente, todo el paquete de medidas aprobado durante el mes de mayo de 2010. Bajo mi punto de vista, aunque las medidas no son nada agradables para un socialista, si creemos, como dice Zapatero, que no quedaba más remedio que tomarlas, su impacto en el resultado electoral viene más de la ineficiente política de comunicación que hemos llevado a cabo para explicarlas, que de las medidas propiamente dichas.

No hemos explicado adecuadamente que provocó la crisis económica; quizá no se ha explicado adecuadamente por qué, en un primer momento, como el resto de países de nuestro entorno, tomamos medidas expansivas de la demanda a través del aumento del gasto público, no hemos conseguido hacer entender la necesidad de inyectar liquidez a los bancos. No hemos explicado, quizá, por qué, en un segundo momento, mayo de 2010, hubo que pasar, junto con el resto de países de Europa, a contraer el gasto público y a luchar contra el déficit. Crisis de deuda soberana, prima de riesgo, conceptos complejos que no hemos sabido explicar, simple y llanamente. Y frente a eso, las consecuencias brutales de la crisis, el consiguiente hartazgo y desesperación de parte de la población, la más vulnerable, la menos culpable, y un discurso demagógico del PP basado en eslóganes simples y machacones.

Pero todo eso es pasado, ¿Qué cabe hacer ahora? Desde luego no perder el rumbo. El programa socialdemócrata sigue siendo válido y necesario. El cambio de modelo productivo que hemos defendido en la campaña electoral es el único camino para salir de forma sólida, sostenible y solidaria de la crisis económica. Las recetas neoliberales del PP nos pueden sacar también de la crisis, pero lo harán, o inflando una nueva burbuja cuyos efectos finales serán otra crisis, o desde un modelo social más injusto e insolidario y, desde luego, más insostenible medioambientalmente,  o con todas estas cosas juntas.

El PSOE debe, antes que nada, ya lo han hecho tanto Rubalcaba como Zapatero, ofrecer colaboración y lealtad institucional al nuevo gobierno, colaboración que el PP no ha prestado en ningún momento al PSOE, sí, pero esa es la primera prueba de que no somos iguales. Se puede estar más o menos de acuerdo con un gobierno, pero es indudable que el gobierno elegido por los españoles tiene toda la legitimidad democrática y a él nos debemos todos en momentos de dificultad. Legitimidad democrática que también tenía el de Zapatero en 2004 y sin embargo tuvimos que escuchar miles de barbaridades desde la derecha para no reconocérsela. Consultad en las hemerotecas las declaraciones de quien era su portavoz parlamentario, Eduardo Zaplana.

Esa colaboración de la que hablo también ha de tener sus límites, la educación pública de calidad, la sanidad universal y gratuita para todos los ciudadanos, la ley de dependencia, y el sistema público de pensiones. En definitiva, la esencia del estado de Bienestar, aquellas políticas que garantizan la cohesión social de nuestro país.

A nivel interno, contrariamente a lo que se quiere desde los círculos mediáticos, no me parece que haya que comenzar una revisión de todo lo que es el PSOE. Creo que a nivel programático estamos bien, creo que hay que establecer una nueva estrategia de comunicación, y me refiero al concepto comunicación en sentido amplio. Una estrategia de comunicación que nos haga conectar con la que es nuestra natural base electoral, la mayoría social de progreso de este país. Hay, por supuesto, que identificar a aquellos compañeros con mayor capacidad de llevar a cabo esa interlocución con la sociedad y que han de ser capaces, posteriormente, de implementar la mejor acción de gobierno posible. No hay que olvidar, a la hora de decidir todo esto, el encaje de nuestras políticas en el nuevo contexto internacional de globalización económica. Ahí debemos de desarrollar un intenso trabajo dentro de la Internacional Socialista y el Partido Socialista Europeo.

Esto es de lo que hay que hablar en el Congreso Ordinario que convocará este fin de semana el Comité Federal. Es mucho, sí, pero no tanto como quiere la derecha española y los círculos mediáticos de este país, más interesados unos, en reducirnos a la mínima expresión, y otros, en que les sirvamos titulares con el morbo suficiente como para poder vender más periódicos y programas informativos.
 
En definitiva, los socialistas, a partir de hoy, estoy seguro, haremos lo que hemos hecho siempre, trabajar por el interés general del país, buscando una sociedad cada vez más justa e igualitaria. Seguiremos trabajando por lo que queremos, escuchando, haciendo y explicando, desde la razón, el debate sereno, el respeto a la discrepancia y la democracia interna como mejor instrumento para resolver las diferencias.

Un abrazo y mucha suerte a todos.

PD. En el siguiente enlace podéis firmar para la reapertura y adecuado mantenimiento del Museo del Agua. Un minuto de vuestro tiempo puede ser mucho para Lanjarón. 



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